Té
Entreabro los ojos después de una siesta vespertina. Se escucha el tintineo de trastes, copas, vasos y cucharas remolineándose en la cocina. Una tenue luz se vislumbra en el marco que da entrada a aquel lugar, una cocina, lugar de danzas que terminan en tesoros aromáticos, degustaciones y recetas ejecutadas, a veces por primera vez. Una sombra bamboleándose de un lado a otro en ese cuarto. Mi corazón se empieza a llenar de calidez, sé quien esta ahí y me alegra tanto que lo este. Me asomo y encuentro a la criatura mas hermosa y despampanante que jamás haya vestido una pijama de monitos y bananas, junto a un chal gris que se adivina calientito. juntos dan lugar al look mas irreverente pero sensual. Para mi su sensualidad radica en quién es y ese atuendo es todo ella.
Su pelo hecho remolinos sobre su cabeza, su mirada un tanto juguetona, con curiosidad me mira y me dice -¿descansaste?-. Yo solo puedo asentir con la cabeza, aún perplejo por cuanto me gusta, por cuanto me encanta, por cuanto la quiero. -Estaba a punto de prepararme mi cena, ¿gustas que te prepare algo?-, adivino de inmediato qué es su dichosa cena. Es seguramente un vaso de leche tibio, como un gatito taciturno, se encontenta con todo y a la vez con nada. Yo solo sonrío y le pregunto si tiene de aquellos rooibos tan ricos que ella compra. Ella brinca emocionada y me dice -justo acabo de comprar y unas cuantas infusiones mas- Corre al gabinete de hasta arriba y saca un bonche de sobrecitos con todas las yerbas, cafés y flores que ha vuelto su hobbie y su afición coleccionar, degustar y son parte de ella. Sospecho que las tardes de café y de té, le han llenado de recuerdos sus días y eso la atañe tanto a ellos. Selecciona uno y dice -este te va a encantar- Saca su viejo pocillo y vierte un poco de leche, mientras prende la estufa para calentarle. Mira los sobrecitos como sus preciados tesoros y me cuenta de que va cada uno, que sabor espera que tenga, en qué momento saboreará cada uno de ellos.
Yo solo puedo mirar y callar, sentir felicidad por el simple momento que estamos compartiendo. Me mira y me pregunta que si estoy cansado. La verdad es que no tengo energías para nada últimamente, pero estar ahí me alegra el alma de una manera que ella nunca comprenderá. Solo puedo decirle que me siento extraño, pero todo esta bien. Aunque realmente he estado luchando contra tantos demonios que me sorprende a mi mismo el poder estar ahí a su lado sin un sobresalto de mi parte. Veo que esta leyendo en su tablet algún cuento de esos que le gustan, esos que cuando me platica me lleva a un rinconcito de su ser y me deja ver su forma de imaginarse mundos. Siempre he pensado que ella tiene un cierto poder mágico, uno con el cual todo lo que va descubriendo y adorando, se vuelve aún mas bello. Tal vez, es solo que cada que vuelvo a encontrarme con algo que ella me mostró, ahora viene con su recuerdo y me regresa a ella en el pensamiento.
Me pregunta que si quiero que ponga música. Le digo que lo que ella prefiera. Por azares del destino, escoge esa melodía que tantas ganas dan de bailar, la tomo de la cintura y la saco a bailar. Entre vergüenza y sorpresa se esconde un poco en mi pecho, pero termina ganando ese instinto en ella, ese que entre calidez y vida misma, la impulsa siempre a seguir. Ella siempre tuvo una delicadeza inusual, tan bella, tan tenue, a la vez como un terremoto y fugaz. Y yo, en esa cocina, solos al anochecer de un día mas, estoy vivo. Damos vueltas, mientras sostengo con firmeza su cintura, con mi otra mano sostengo su espalda y la inclino, descargando un beso en su par de labios que me parecen siempre tan tiernos. Termina la pieza y la abrazo. Ella un poco extrañada por mi repentino gesto, me toma la mano mientras me mira con sus ojos, esos ojos, no sé qué daría por no dejar de mirarle nunca, la vida misma es poco.
Acaba la danza y se da la vuelta, apaga la lumbre, así como un mago realizando un truco de magia, ella empieza a preparar el té de rooibos, me gira una cuchara y me dice, -Toma, este es el tuyo- Mientras ella toma su parte del botín, me regala una tierna sonrisa y se remolinea en un banquito cerca de la barra de la cocina. Tomo la taza entre mis manos y siento ese calorcito, es tan reconfortante, tomo un sorbo. La calidez que se siente, es como un abrazo, sí un abrazo, eso podría describir como ese sorbo bajando por mi garganta a mi estomago de ese delicioso té, me llena. Me llega a la mente un pensamiento, es esa misma calidez la misma que siento a todo momento cuando esta presente. Un sorbo de vida. -T.S.-
Su pelo hecho remolinos sobre su cabeza, su mirada un tanto juguetona, con curiosidad me mira y me dice -¿descansaste?-. Yo solo puedo asentir con la cabeza, aún perplejo por cuanto me gusta, por cuanto me encanta, por cuanto la quiero. -Estaba a punto de prepararme mi cena, ¿gustas que te prepare algo?-, adivino de inmediato qué es su dichosa cena. Es seguramente un vaso de leche tibio, como un gatito taciturno, se encontenta con todo y a la vez con nada. Yo solo sonrío y le pregunto si tiene de aquellos rooibos tan ricos que ella compra. Ella brinca emocionada y me dice -justo acabo de comprar y unas cuantas infusiones mas- Corre al gabinete de hasta arriba y saca un bonche de sobrecitos con todas las yerbas, cafés y flores que ha vuelto su hobbie y su afición coleccionar, degustar y son parte de ella. Sospecho que las tardes de café y de té, le han llenado de recuerdos sus días y eso la atañe tanto a ellos. Selecciona uno y dice -este te va a encantar- Saca su viejo pocillo y vierte un poco de leche, mientras prende la estufa para calentarle. Mira los sobrecitos como sus preciados tesoros y me cuenta de que va cada uno, que sabor espera que tenga, en qué momento saboreará cada uno de ellos.
Yo solo puedo mirar y callar, sentir felicidad por el simple momento que estamos compartiendo. Me mira y me pregunta que si estoy cansado. La verdad es que no tengo energías para nada últimamente, pero estar ahí me alegra el alma de una manera que ella nunca comprenderá. Solo puedo decirle que me siento extraño, pero todo esta bien. Aunque realmente he estado luchando contra tantos demonios que me sorprende a mi mismo el poder estar ahí a su lado sin un sobresalto de mi parte. Veo que esta leyendo en su tablet algún cuento de esos que le gustan, esos que cuando me platica me lleva a un rinconcito de su ser y me deja ver su forma de imaginarse mundos. Siempre he pensado que ella tiene un cierto poder mágico, uno con el cual todo lo que va descubriendo y adorando, se vuelve aún mas bello. Tal vez, es solo que cada que vuelvo a encontrarme con algo que ella me mostró, ahora viene con su recuerdo y me regresa a ella en el pensamiento.
Me pregunta que si quiero que ponga música. Le digo que lo que ella prefiera. Por azares del destino, escoge esa melodía que tantas ganas dan de bailar, la tomo de la cintura y la saco a bailar. Entre vergüenza y sorpresa se esconde un poco en mi pecho, pero termina ganando ese instinto en ella, ese que entre calidez y vida misma, la impulsa siempre a seguir. Ella siempre tuvo una delicadeza inusual, tan bella, tan tenue, a la vez como un terremoto y fugaz. Y yo, en esa cocina, solos al anochecer de un día mas, estoy vivo. Damos vueltas, mientras sostengo con firmeza su cintura, con mi otra mano sostengo su espalda y la inclino, descargando un beso en su par de labios que me parecen siempre tan tiernos. Termina la pieza y la abrazo. Ella un poco extrañada por mi repentino gesto, me toma la mano mientras me mira con sus ojos, esos ojos, no sé qué daría por no dejar de mirarle nunca, la vida misma es poco.
Acaba la danza y se da la vuelta, apaga la lumbre, así como un mago realizando un truco de magia, ella empieza a preparar el té de rooibos, me gira una cuchara y me dice, -Toma, este es el tuyo- Mientras ella toma su parte del botín, me regala una tierna sonrisa y se remolinea en un banquito cerca de la barra de la cocina. Tomo la taza entre mis manos y siento ese calorcito, es tan reconfortante, tomo un sorbo. La calidez que se siente, es como un abrazo, sí un abrazo, eso podría describir como ese sorbo bajando por mi garganta a mi estomago de ese delicioso té, me llena. Me llega a la mente un pensamiento, es esa misma calidez la misma que siento a todo momento cuando esta presente. Un sorbo de vida. -T.S.-
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