Premura (Tiempo)

 No había caído lluvia tan fría en muchos años sobre la ciudad, casi como un reflejo de la tormenta que pasan los hombres solitarios. Sobre la acera se ve un hombre a paso firme, resuelto y casi furioso, llevaba puesto un impermeable y el rostro cubierto por una extraña sombra de pesar, al doblar la esquina este entra en una tienda de antigüedades, con premura se quita el impermeable azota la mochila al piso y se dirige hacia el mostrador donde empieza a tocar la campana con evidente desesperación.  El lugar tiene un aspecto común, muchos muebles viejos con cortinas puestas sobre los espejos, lámparas , mesas, muñecos, todo amontonado pero no en desorden. La luz dentro del lugar es tenue y da una pinta cálida al pensar en la tormenta que esta cayendo afuera. De la puerta detrás del mostrador sale una chica rubia, tiene el pelo recogido, es una chica esvelta se nota que cuida su físico, tiene una mirada viva de ojos azules y sobre su nariz unos lentes redondos pero muy delgados. La chica luce una pinta de asombro al verle ahí parado -no esperaba que vinieras tan pronto Federico- dice la chica -ahora, muéstramela ahora Becca- le dice con impaciencia. Ella exhala como muestra de desagrado hacía el tono de Federico mientras se acerca a un cajón en el aparador en la esquina del lugar, sacando de este una fotografía que le extiende a Federico. Él la toma con rapidez y sus ojos se exaltan al ver la foto ¿Cómo posible?- pregunta, -mira le fecha- le dice Becca, abril de 1901. La foto muestra a Ana en vestidos pomposos ingleses luciendo una mirada tanto aburrida por estar posando para la foto. No hay duda ella es Ana pero, qué significa esto, la foto tiene una dirección que casualmente esta a unas cuadras del lugar, Federico sale corriendo tomando solo el impermeable dirigiéndose a la dirección.

Becca sabe a dónde se dirige y solo sonríe.

Sobre los cristales se escucha el golpeteo de las gotas al caer, se escucha el susurro de los árboles al correr el viento entre sus ramas, en la sala de una casa vieja se encuentran dos mujeres charlando, -esa siempre será nuestra maldición- se escucha decir a una voz mucho mayor, una anciana que se mece al costado del fuego -yo aún no lo entiendo- contesta Ana, mientras en el fondo se empieza a escuchar como la tetera tiene lista el agua. Ana se levanta dispuesta a servir el té -nunca nadie lo hace, no al menos hasta que se esta lista- le dice la anciana. Ana se dirige hacia la cocina cuando el timbre de la casa resuena, ella extrañada va hacia la puerta, en los vitrales ve una sombra agitada, mientras se acerca puede escuchar el sonido de un radio y luego así el de su propio corazón acelerarse, al abrir la puerta encuentra un oficial de policía que viene con el informe de la terrible noticia.

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