El hogar perdido.
Había salido de viaje, en la búsqueda de un logro, de una sorpresa, de sobrepasar mis limites, había ido ahí a un lugar tranquilo, soleado y salado. Había completado mis deberes con normalidad, había compartido comidas, bebidas e incluso cama con las personas que me inspiraban en ese momento. Había sido un viaje normal, salí de mi hogar a un viaje, sin saberlo, a ese hogar ya no volvería jamás.
El cansancio era como una bruma para mi mente, la luz era extraña, las sensaciones eran espesas, pasaba por el umbral y todo estaba igual, pero nada era lo mismo. Ahogados en llanto, en penas, en suspiros que solo suponían la lluvia que se avecinaba, una lluvia que los llevaría lejos. Era como escuchar un saxofón nostálgico, triste y que volvía tenue la luz. Se acabó. Mañana ya no es mas. ¿No es esa es la virtud del tiempo? Nada es permanente, nada es absoluto. De esa manera es el regalo que nos brinda, nada que nos atormente es para siempre y la felicidad no es eterna, pero la promesa del descanso y de nuevos amaneceres siempre se nos da.
Quedan escombros, una ruina, no se ve nada en pie, pero quiero creer que todo esto es solo el inicio, que no todo es destrucción, sino que es un renacer. Fénix. Ave legendaria, ayúdame, guíame en este sin sentido, déjame escoger sabiamente ante este nuevo absurdo. Dame fuerza, dame coraje, dame claridad.
A las dos mitades, el rencor solo es un espasmo del adiós. Cuídense y dense la oportunidad de perdonar, de sanar. La metamorfosis es una elección siempre al alcance de los fuertes. Yo trataré una última vez mas de llevar el peso, no tarden mucho que las energías me son pocas, pues mi propia realidad ya me alcanzó allá atrás. Yo no sé que pasará, pero creo que esto es providencia. La neblina se disipa y me doy cuenta que es cierto, se perdió mi hogar.
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