El columpio.
Desperté, suspiré y maldije. Un día mas de esos, de esos que la realidad es un absurdo inabordable, las paredes de mi habitación lucen ridículas, sin propósito, mis instrumentos lucen como objetos extraños y ajenos a mi, mis libretas lucen como vertederos de basura, ahí donde pongo estos escritos. La luz parece melosa y ominosa. La brisa que entra por mi ventana, entra sin pedir permiso. El techo tiene mas manchas que detalles. Odio estos días. Odio como me despierta la soledad, la tristeza, la melancolía. Me despierto pensando en los pesares del mundo, en mis ausencias, en mi dolor, en mi vacío, en el abismo, y en todo. Odio estos días que me aprisionan en un bucle de malos recuerdos. La desesperación me viste hoy...¿o acaso yo la visto? Son galimatías todo eso que mi irracional yo trata de decirme, es mi necesidad escucharle, pero es tan pesado, tan sombrío. Odio estos días, ayer tenía emociones totalmente diferentes, me acompañaban sonrisas y buenos momentos. Acaso se drena mi energía cuando no les presto atención a los absurdos. Son entes perversos que se aparecen debajo de mi cama y me consumen. No, son esos malditos sueños, esos donde aparecen las siluetas de un ser que me atormenta, esa persona que no es otra cosa mas que la mismísima tormenta. ¿Cuántas noches mas me va a visitar? Me subo a un vaivén de emociones. A una ruleta, a un columpio. Solo que no sé dónde amaneceré, en pleno vuelo, arriba o en lo mas bajo. Hoy estoy sin duda abajo, no hay nada que me impulse, mi vida es una maldita comedia. O mio cuore.
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