Domingo por la Tarde (Tiempo)

 Atesorando cada momento en un sobresalto de emociones, estaba Él ahí, parado en el pórtico de su casa, repasando el plan, visualizando lo que iba a hacer ese joven incauto. Con flores en la mano y su corazón en la otra, llegaba decidido a confesarlo todo.

Llamó a la puerta con temblorosas piernas y un sudor frío le recorrió la espalda. Una pequeña muerte instantánea y fugaz se suscitó al escuchar la voz de una mujer preguntando por la identidad del visitante. El había planeado todo con cautela y sabía que en ese momento ella estaría sola, pues es un momento que ha esperado por ya un largo tiempo, no ha tenido cabeza mas que para planearlo y repensarlo.

Sin decir nada espera a que abran la puerta. Al ver su rostro implosiona en nerviosismo, en felicidad y celeridad, atontado por su mirada el joven baja la cabeza. Al escucharla pronunciar su nombre con cierto asombro, le dice -son para ti- entregando las flores y sosteniéndole la mirada. Ella no sabe que hacer, incrédula a lo que ven sus ojos toma las flores y las observa como un mero pretexto para tener tiempo de entender la situación. Inmediatamente se ruboriza y le pide que pase. Entra a una estancia amplia con tres sofás medianos, tienen una suerte de pinta elegante, en el centro una mesa de madera, un tanto rústica tanto que parece fuera de lugar, se puede notar que esa mesa ha estado ahí mas tiempo que ningún otro mueble en la estancia. Pinturas en las paredes y un ventanal enorme por el que se mira una zona boscosa. Ella se va y regresa rápidamente con un florero lleno de agua, para las flores. -Toma asiento-, le dice, pero el joven resuelto tiene una misión que cumplir y comienza su discurso.

-He venido por ti- comienza -he venido por tu cariño y por tu amistad, he venido por tus anhelos y tus sueños, he venido para conquistarte o perderte- el joven continua -me bastó nuestra primera cita para entender que eres la mujer con la que quiero estar, con la que quiero crecer, con la que quiero llorar, con la que quiero compartir todo, eres la mujer que de pasiones entiende todo y de aventuras las disfrutas todas-, posando su mano en el pecho concluye, -he venido a proponerte entonces que aceptes esta locura que bautizaremos como amor, aunque nadie sepa qué es realmente eso, nosotros construiremos algo aún mejor-

La mujer se acerca lentamente negando con la cabeza, estando a unos pasos se abalanza sobre el joven regalándole un abrazo, el abrazo pareciera eterno, lleno de calidez y una especie de furia, entonces le susurra al oído -odiaría tanto que esto fuera un sueño pues ya lo he tenido, así que deja acepto antes de que despierte- ríen mientras ambos se pellizcan y con una sonrisa se miran a los ojos y ven mas allá de lo normal, como si contemplaran su destino o una obra de arte tan perfecta que no puedes hacer nada mas que suspirar.

Ambos tensan su ser y acercándose lentamente logran lo que anhelaban desde ese primer café en la "Campana Negra", un beso tan intenso, no por la técnica ni por la forma, simplemente por el significado, tanta lucha contra el cariño que no hacía mas mas crecer en cada cita y en cada oportunidad perdida. Ahora es este beso lo que dibuja una nueva historia que ambos están dispuestos a escribir.

Así fue, en una tarde de Domingo, como un joven incauto logró cautivar el corazón de su amada musa.

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